miércoles, 10 de septiembre de 2014

Entrevista a Jonh Lennox. Testimonio de Jonh Lennox

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John Carson Lennox es profesor de Matemáticas en la Universidad de Oxford y fellow de Matemáticas y Filosofía de la Ciencia en el Green Templeton College, Oxford.
Estudió en la Universidad de Cambridge, donde obtuvo los grados de maestría y doctorado, y posteriormente fue lector en Matemática pura en la Universidad de Gales, donde fue galardonado con una condecoración.
Ocupó la cátedra Alexander von Humboldt en las universidades de Würzburg y Friburgo en Alemania.
Ha publicado más de 70 artículos sobre Álgebra (Teoría de grupos) y es co-autor de dos monografías de investigación en el Oxford Mathematical Monographs, The Theory of Subnormal Subgroups (con S E Stonehewer) en 1987 y The Theory of Infinite Soluble Groups (con D J S Robinson) en 2004.
También posee un Master en Bioética. El profesor Lennox está interesado en las relaciones entre Ciencia, Filosofía y Teología y ha dado conferencias y escrito numerosos artículos y varios libros sobre matemáticas y apologética cristiana. Ha hecho numerosas visitas a Europa del Este y los países de la antigua Unión Soviética para debatir y dar conferencias sobre estos temas.
Ha debatido con algunos líderes ateos del mundo, como Christopher Hitchens, en el Festival de Edimburgo (2008) y Richard Dawkins, tanto en Alabama, EE.UU. como en Oxford, Inglaterra.
Entre sus libros se incluyen ¿Ha enterrado la ciencia a Dios? y Cristianismo: Opio o Verdad? (escrito con David Gooding).




 














lunes, 8 de septiembre de 2014

EL ATEISMO NO ES LO QUE PARECE. Jonh Lennox




Existe una ley moral, absoluta, universal, inmutable, que prescribe el bien, prohibe el mal y domina en la conciencia de todos los hombres. Ahora bien, no puede haber ley sin legislador, como no puede haber efecto sin causa. Este legislador ha de ser, al igual que esa ley, absoluto, universal, inmutable, bueno y enemigo del mal. Esto es lo que denominamos Dios. 
Tomas de Aquino

lunes, 7 de abril de 2014

Entrevista a Richard Dawkins,




Richard Dawkins (Nairobi26 de marzo de 1941) es un etólogozoólogo, teórico evolutivo y divulgador científico británico.
Fue titular de la «cátedra Charles Simonyi de Difusión de la Ciencia» en laUniversidad de Oxford hasta el año 2008.
Es autor de El gen egoísta, obra publicada en 1976, que popularizó la visión evolutiva enfocada en los genes, y que introdujo los términos meme ymemética. En 1982, hizo una contribución original a la ciencia evolutiva con la teoría presentada en su libro El fenotipo extendido, que afirma que losefectos fenotípicos no están limitados al cuerpo de un organismo, sino que pueden extenderse en el ambiente, incluyendo los cuerpos de otros organismos. Desde entonces, su labor divulgadora escrita le ha llevado a colaborar igualmente en otros medios de comunicación, como varios programas televisivos sobre biología evolutivacreacionismo y religión.


domingo, 30 de marzo de 2014

Dios Existe I

ANTONY FLEW

Índice 

Prólogo a la edición española, por Francisco José Soler Gil 
Prefacio, por Roy Abraham Varghese 
Introducción 

I. Mi negación de lo divino 

1. La creación de un ateo 
2. Donde lleve la evidencia 
3. El ateísmo detenidamente considerado 

II. Mi descubrimiento de lo divino 

4- Una peregrinación de la razón 
5. ¿Quién escribió las leyes de la naturaleza? 
6. ¿Sabía el universo que nosotros veníamos? 
7. ¿Cómo llegó a existir la vida? 
8. ¿Salió algo de la nada? 
9. Buscando un lugar para Dios 
10. Abierto a la omnipotencia 






Abre este libro un Prólogo a la edición española, que firma el doctor en Filosofía por la Universidad de Bremen y miembro del grupo de investigación de Filosofía de la Física de citada universidad, Francisco José Soler Gil. Este prólogo constituye una excelente introducción a la obra y a su planteamiento, de la que dice que “vale su peso en oro”. El libro tiene como tema principal la conversión de Flew al deísmo filosófico, pero con un alcance que lo trasciende, pues proporciona al lector un testimonio valiosísimo de confianza en la razón. Y ello porque Flew ha seguido una trayectoria estrictamente académica en sus postulados, sin caer en la descalificación de quienes mantienes posturas diferentes a la suya, incluso, en los casos en los que sus adversarios intelectuales sí han sucumbido a tal tentación. El filósofo inglés sigue la norma de presentar los argumentos del adversario de la manera más fuerte posible antes de proceder a su refutación, define meticulosamente los términos de los temas que se van a tratar, busca el procedimiento adecuado para el desarrollo de las controversias y, finalmente, se muestra ausente de cualquier sospecha de ocultas intenciones bajo los argumentos que analiza. ¿Cómo se aproximó Flew racionalmente a Dios? Establece, desde su inicial postura de ateo negativo, que es el teísta el que ha de demostrar la existencia de un ser superior; a lo largo de la primera parte del libro, Flew resume y comenta las respuestas que diversos autores ofrecieron a sus argumentos y cómo el intercambio de reflexiones con dichos autores fue haciéndole cambiar de opinión en algunos de los puntos; para el filósofo, la presunción de ateísmo es el mejor punto de partida metodológico, no una conclusión ontológica. Y, en su peregrinar intelectual, juzgó que las razones a favor del teísmo eran lo suficientemente sólidas para superar aquella presunción ateísta. 

A este prólogo le siguen unas páginas que, bajo el título de Prefacio, firma Roy Abraham Varghese. Incide en el intento de mostrar la postura sostenida por los ateos beligerantes, que intenta desmontar, en unas pocas pinceladas, basándose en sus posibles contradicciones. Especial atención presta al positivismo lógico del Círculo de Viena y sus adeptos, así como a Dawkins, quien fue especialmente duro en su crítica a Flew. 

Y se entra de lleno en el contenido, partiendo de una introducción del autor. Una introducción en la que expresa que esta obra puede ser considerada su testamento intelectual, pues en ella expone su proceso hacia el deísmo, que no obedece a ninguna de las imputaciones que le achacan sus antiguos compañeros del ateísmo. Añade que su postura actual no implica que crea en una vida tras la muerte. Y justifica su cambio de manera de pensar. Explica que el libro consta de dos partes; en la primera, de tres capítulos, expone su no creencia previa, mientras que en los siete que contiene la segunda parte explica cómo llegó a ser deísta. 

Mi negación de lo divino es el título que ampara toda la primera parte del libro, cuyo primer capítulo es La creación de un ateo. En él, Flew hace un bosquejo biográfico en el que explica cómo de ser hijo de pastor metodista llegó a ser ateo, fundamentalmente por la problemática que le creaba la existencia del mal en el mundo. 

El segundo capítulo es Donde lleve la evidencia. Se trata de la máxima que preside la labor filosófica de Flew. Si en el anterior apartado hacía un recorrido biográfico, en este resume el desarrollo de su pensamiento que, evidentemente, no se circunscribe únicamente al problema de Dios, aunque sí se trata del que le ha dado mayor notoriedad y al que ha dedicado obras fundamentales. Así, se refiere a su inicial interés por la parapsicología y su afán lector sobre el particular; el impacto de la sugerencia de que la biología evolucionista podía proporcionar una garantía del progreso; el intento de extraer conclusiones neoberkeleyanas de los avances de la física del siglo XX, etc. Durante su estancia en Oxford se vio envuelto por la llamada revolución en la filosofía, que hacía especial hincapié en el lenguaje. Su planteamiento del problema del mal, que le arrastró al ateísmo, se fundamentaba en dos pilares: la existencia del mal refuta la existencia de un Dios infinitamente bueno y omnipotente, y que el recurso a la libertad del hombre no eximía al Creador de su responsabilidad por los manifiestos defectos de la creación. Es la época de la publicación de Teología y falsificación con la que pretendía esclarecer la naturaleza de las afirmaciones mantenidas por los creyentes religiosos y reanimar el por entonces mortecino diálogo entre el positivismo lógico y la religión cristiana; se trata de una obra ampliamente debatida y que aportó a su autor enriquecedores planteamientos. A esta le siguió Dios y la filosofía, en la que proponía una argumentación sistemática a favor del ateísmo. Y, posteriormente, La presunción de ateísmo, en la que defendía que la carga de la prueba de la existencia de Dios corresponde a quienes la defienden. Desde su perspectiva de años posteriores, analiza estas publicaciones y reconoce, modestamente, que, como filósofo, ha cambiado varias veces de postura en su persecución de la evidencia, le lleve ésta adonde le lleve. 

El tercer y último capítulo de esta primera parte se titula El ateísmo detenidamente considerado. Se encierra en un paréntesis que arranca con la que Flew determina como su culminación de la defensa de la increencia, su obra La presunción de ateísmo; y se cierra en mayo de 2004, en Nueva York, cuando manifiesta públicamente que ahora aceptaba la existencia de Dios. En medio, va detallando los diferentes debates que sostuvo con significados teístas. Y lo cierra con su polémica con Dawkins, de quien, si bien defendió su ateísmo, no aceptó su idea del gen egoísta. 

Mi descubrimiento de lo divino es el título de la segunda parte del libro, que abarca los siete capítulos siguientes, el primero de los cuales es Una peregrinación de la razón. Como justificación de su honestidad y coherencia intelectual, parte de la facilidad con que dejamos que las teorías preconcebidas conformen el modo en que percibimos los datos, en lugar de dejar a los datos conformar nuestras teorías. Y plantea a sus excompañeros ateos la cuestión de qué tendría que ocurrir o haber ocurrido que pudiera suponer una razón para que, al menos, consideraran la existencia de una mente superior. Y expone su credo: “Creo ahora que el universo fue traído a la existencia por una Inteligencia infinita. Creo que las intrincadas leyes de este universo manifiestan lo que los científicos han llamado la Mente de Dios. Creo que la vida y la reproducción tienen su origen en una fuente divina”. ¿Y por qué este cambio de postura? Arguye que tal es la imagen del mundo que emerge de la ciencia moderna, a través de las tres dimensiones con que atisba la naturaleza: 1) La naturaleza obedece leyes; 2) la dimensión de la vida, la existencia de seres organizados inteligentemente y guiados por propósitos, que surgieron de la materia; 3) la propia existencia de la naturaleza. Y en este viaje no solo se ha apoyado en la ciencia, sino también en la reconsideración de los argumentos filosóficos clásicos, especialmente de Sócrates. Para Flew, tres son las áreas de indagación científica que le son importantes: 1) ¿Cómo llegaron a existir las leyes de la naturaleza? 2) ¿Cómo pudo emerger el fenómeno de la vida a partir de lo no vivo?, y 3) ¿Cómo llegó a existir el Universo? Sobre todo, le convenció la argumentación del filósofo David Conway. A dar respuesta a estas cuestiones dedica varios de los siguientes capítulos de la obra. 

Así, el quinto, ¿Quién escribió las leyes de la naturaleza? Antes que nada: ¿qué entiende por ‘ley’ el autor? Simplemente, una regularidad o simetría en la naturaleza, una regularidad que es matemáticamente precisa, universal y que, en su conjunto, son leyes entrelazadas unas con otras. La pregunta que deberíamos hacernos es por qué la naturaleza viene empaquetada de esta forma. A partir de aquí, se apoya en testimonios de Hawking, Einstein, y de los padres de la física cuántica Planck, Heisenberg, Schrödinger y Dirac como pilares de su creencia en una mente superior, junto a planteamientos similares de significados filósofos, con especial dedicación a contraargumentar la postura sostenida por Dawkins. 

¿Sabía el Universo que nosotros veníamos? A esta pregunta intenta dar respuesta el siguiente capítulo. En él trata fundamentalmente del argumento del ajuste fino, es decir, las leyes que rigen en el universo parecen haber sido diseñadas de forma que puedan impulsar el universo hacia la aparición de la vida; en otras palabras, el llamado principio antrópico; situación que requiere un diseño. ¿Un diseño divino? Esa es la cuestión. Hay una alternativa a un diseño divino: la teoría del multiverso, con todas sus variantes, tales como el universo inflacionario, la tesis del agujero negro, o la existencia de universos en dimensiones espaciales diferentes. Teorías que, como parece lógico, cuentan con otros tantos científicos que las niegan. 

Dicho esto, ¿Cómo llegó a existir la vida? Es el tema del capítulo séptimo, donde contrapone los planteamientos filosóficos a los de biólogos. Este es su planteamiento: “La cuestión filosófica que no ha sido resuelta por los estudios sobre el origen de la vida es la siguiente:¿cómo puede un universo hecho de materia no pensante producir seres dotados de fines intrínsecos, capacidad de autorreplicación y una química codificada?” Tres aspectos filosóficos considera Flew: 1) La materia viva posee una intrínseca organización teleológica que no aparece por ningún lado en la materia que la precedió. 2) El origen de la autorreproducción. Y 3) La codificación y procesamiento de la información que es esencial en todas las formas de vida. Y los analiza a la luz de los últimos aportes científicos, aunque, siempre, desde un punto de vista filosófico. Y concluye con George Wald, que reconoció la preexistencia de una mente superior: “Esta es también mi conclusión. La única explicación satisfactoria del origen de esta vida orientada hacia propósitos y autorreplicante que vemos en la Tierra es una Mente infinitamente inteligente”. 

El siguiente capítulo se plantea bajo la cuestión ¿Salió algo de la nada? Ya Santo Tomás advirtió de que no podía demostrarse filosóficamente que el universo tuvo un comienzo. Pero, al conocerse la teoría del Big Bang, Flew comienza a pensar que las cosas cambiaban mucho si el universo tenía un comienzo; una reflexión que mantiene pese a la argumentación de modernos cosmólogos que aluden a la teoría de los multiversos, o a la de Setphen Hawking sobre el universo autocontenido. Y retoma, entonces, el argumento cosmológico, desmontando las apreciaciones en contra de Hume. Concluye que “el universo es algo que requiere una explicación”. 

Y comienza el peregrinar del autor Buscando un lugar para Dios. El problema del que partió era cómo concebir una persona (un Dios persona) sin cuerpo y cómo podría ser identificada una persona tal. En primer lugar, considera que ningún argumento antidualista muestra que el cuerpo sea una condición necesaria para ser un agente, pues la condición para ser un agente consiste, simplemente, en ser capaz de acción intencional. Siguiendo los estudios de Tracy y Leftow, concluye que la idea de un Espíritu omnipresente no es intrínsecamente incoherente, si vemos tal Espíritu como un agente situado fuera del espacio y el tiempo que únicamente ejecuta sus intenciones en el continuum espacio-temporal. 

Y llegamos así al último capítulo de esta obra de Flew, Abierto a la omnipotencia. Dice: “La ciencia en cuanto tal no puede proporcionar un argumento que demuestre la existencia de Dios. Pero los tres problemas que hemos considerado en este volumen –las leyes de la naturaleza, la vida con su organización teleológica y la existencia del universo- solo pueden resultar explicables a la luz de una Inteligencia que da razón tanto de su propia existencia como de la del mundo”. Confiesa que ha seguido a la razón hasta donde ella le ha llevado, que ha sido la aceptación de un Ser autoexistente, inmutable, inmaterial, omnipotente y omnisciente. ¿Que existe el mal y el sufrimiento? Cierto, pero, desde un punto de vista filosófico, se trata de un tema distinto al de la existencia de Dios. ¿Por dónde irá ahora Antony Flew? Afirma estar abierto a aprender más sobre la Realidad divina y a la cuestión de si lo Divino se ha revelado en la historia humana. 

El libro se cierra con dos apéndices. El primero se titula El nuevo ateísmo: una aproximación crítica a Dawkins, Dennett, Wolpert, Harris y Stenger, y lo firma Roy Abraham Varghese, a invitación de Flew, con la idea de completar sus reflexiones con un análisis y valoración de los argumentos de la generación actual de ateos. 

El segundo apéndice, La autorrevelación de Dios en la historia humana: Un diálogo sobre Jesús con N.T. Wright, diálogo sostenido entre Flew y el obispo Wright sobre la tesis según la cual hay una revelación de Dios en la historia humana en la persona de Jesucristo. Para el filósofo las respuestas del clérigo a sus críticas previas a la idea de una autorrevelación divina son la defensa más poderosa del cristianismo que haya visto. 

En resumen: se trata de un libro profundo en sus planteamientos, aunque muy accesible por el estilo didáctico del autor. Su lectura es ciertamente recomendable, si no por la aportación de argumentos científicos que avalen su postura (cosa inalcanzable a la vista de tanto debate), sí por la justificación razonada que ha inclinado la balanza hacia una postura teísta de quien, durante varias décadas, defendió enérgicamente el ateísmo. La honestidad y el rigor de sus planteamientos son un acicate para acceder a la obra, incorporando nuevas aportaciones a un debate que tanto nos afecta. 

Juan Antonio Martínez de la Fe


















martes, 11 de marzo de 2014

DIOS EXISTE



Antony Flew

biografía
Filósofo británico, se formó en la Universidad de Oxford, donde recibió la influencia de Gilbert Ryle. Enseñó en las universidades de Aberdeen, Keele y Reading, entre otras. Contribuyó decisivamente a introducir la filosofía analítica en Escocia, y fue uno de los especialistas más reconocidos en el estudio de la obra de David Hume. Pero su principal actividad intelectual estuvo centrada en el debate entre teísmo y ateísmo.

Flew fue el representante más destacado del ateísmo filosófico anglosajón en la segunda mitad del siglo xx, una posición a la que dotó de nuevos argumentos, desarrollados en su ensayo «Teología y falsificación» y en sus libros Dios y la filosofía y La presunción de ateísmo. En 2004 anunció su conversión intelectual al deísmo y en 2007 publicó Dios existe, en el que explica las razones de su cambio de postura.








Dios existe es el último libro del filósofo Antony Flew, escrito en colaboración con Roy Abraham Varghese. Se trata de una obra revolucionaria, ya que Flew fue el máximo referente del ateísmo filosófico anglosajón en la segunda mitad del siglo xx; su «cambio de bando» —del ateísmo al deísmo— en 2004 fue glosado así por un comentarista: «Es como si el papa anunciara que ahora piensa que Dios es un mito». El sorprendente giro del «papa del ateísmo» es el tema principal de este libro.

Pero Flew no abandonó el ateísmo por ninguna iluminación mística, sino siguiendo argumentos estrictamente racionales e interpretando los descubrimientos de la ciencia de vanguardia. Por ello, más allá de la biografía intelectual de su autor, y más allá incluso de los razonamientos concretos que movieron al filósofo a aceptar que hay una Inteligencia fundante del cosmos, esta obra proporciona un testimonio valiosísimo de la confianza en la razón y de cómo esta constituye el mejor camino de acceso a la realidad.



martes, 29 de octubre de 2013

ACERQUEMONOS AL SEÑOR Andrew Murray


Andrew Murray

Fechas:
(1828-1917)

Datos Biográficos:
Nace el 9 de mayo de 1928 en Graaff-Reinet (El Cabo, Sudáfrica). Su padre era pastor vinculado a la Iglesia Presbiteriana de Escocia, que a la vez mantenía estrecha relación con la Iglesia Reformada de Holanda, que contribuyó a revitalizar con su ardoroso espíritu cristiano escocés. Este hombre singular dedicaba las veladas de los viernes a orar por un avivamiento espiritual en Sudáfrica. Se encerraba en su estudio y leía relatos de avivamientos acaecidos en Escocia y otros países. Con frecuencia leía a la familia historias relativas a avivamientos del Espíritu Santo. Sus oraciones y trabajos hallaron respuesta en 1861 cuando un poderoso movimiento espiritual conmovió su congregación. Mucho antes de que se aboliera la esclavitud, Andrew padre, apoyaba las reivindicaciones de los esclavos. En su propio hogar no permitía que una persona negra prestara ningún servicio sin darle primero a él o a ella la libertad y suministrarle un trato justo y buen nivel de vida. Estas iban a ser las dos magníficas incluencias que guiarían la vida y ministerio de Murray hijo: espiritualidad ardiente y acción social; a la que hay que sumarle una tercera: el interés misionero. Por su hogar habían desfilado hoy bien conocidos misioneros escoceses de entonces como Moffat y Livingstone.
M. fue enviado por sus padres a estudiar a su natal Escocia a estudiar en la Universidad de Aberdeen. También estudió en la Universidad de Utrecht (Holanda), donde, a los 16 años de edad, experimentó el nuevo nacimiento.
En 1848 fue ordenado al ministerio de la Iglesia Reformada de Holanda, cuando sólo contaba 20 años. Pastoreó diversas iglesias sudafricanas en Bloemfontein (1850-60), Worcester (1860-64), Cape Town (1864-71) y Wellington (1871-1906). Su ministerio fue tan bendecido espiritualmente que rápidamente ganó notoriedad y alcanzó puestos de responsabilidad y liderazgo. Durante 50 años dominó la vida de su Iglesia, haciendo de ella una iglesia misionera en Transvaal y Malawai, gracias a su pluma y sus mensajes. Tres de sus hijos se dedicaron a las misiones. En 1877 fundó el Instituto Misionero de Wellington. Apoyó a la Misión General de Sudáfrica.
Seis veces fue Moderador de la Asamblea General de su Iglesia.
Evangelista fervoroso no cesó toda su vida de alcanzar las poblaciones más olvidadas, como las tribus negras africanas del interior. En más de una ocasión arriesgó su vida para llevarles el mensaje cristiano.
En 1877 viajó por primera vez a Estados Unidos. Participó en muchas conferencias de santidad y uniones de oración en Europa y América.
Conservador en teología se opuso al liberalismo. Interesado en la educación teológica de los pastores fundó el Seminario Hugonote en 1874. Autor de más de 250 libros, enfatizó la consagración integral y absoluta a Dios, la oración y la santidad. Durante los últimos 28 años de su vida fue considerado el padre del movimiento Keswick de Sudáfrica. La huella mística de William Law (v.) se refleja en sus obras.
Aquejado de una infección en la garganta en 1879 perdió su voz durante casi dos años, de la que fue sanado en el hogar de los Bethsham en Londres. A raíz de esta experiencia creyó que según la Biblia los dones milagrosos del Espíritu no se limitaban únicamente a la Iglesia primitiva. Como otros maestros de santidad y vida victoriosa se refirió al bautismo del Espíritu Santo como una experiencia posterior a la regeneración. Para él, la forma como se es bautizado puede ser muy diferente: una renovación gozosa de la fe, una sensibilidad espiritual especial, una percepción profunda y callada de Dios o una intensa devoción al Señor.













En el libro mayor he procurado indicar hasta
qué punto el estado de los hebreos era precisamente
lo que encontramos en las iglesias de nuestros
días. Hay una falta de firmeza, de crecimiento
y de poder que resulta de no conocer bien a
Cristo. He procurado mostrar, tal como hace la
Epístola, que el verdadero conocimiento de las
maravillosas y benditas verdades de la divinidad
y humanidad de nuestro Señor, del hecho de que
sea nuestro Guía y Precursor en el camino de la
obediencia y la entrega perfecta a la voluntad de
Dios, y, sobre todo, su celestial sacerdocio en el
poder de una vida sin fin, y el que nos procure un
acceso perfectamente libre y una permanencia en
la presencia de Dios por medio de su sangre, da
una fuerza y una esperanza a nuestra fe, que nos
permite de modo efectivo que obtengamos la promesa
y vivamos como Dios quiere que lo hagamos.
Pero tengo la esperanza de que incluso este
librito pequeño puede estimular a algunos a buscar
y descubrir los tesoros que contiene la Epístola,
y ayudarles a entrar en la posesión personal de
esta salvación completa que este nuestro gran
Sumo Sacerdote nos ofrece y puede concedernos.
Es mi oración ferviente que la enseñanza del
Espíritu Santo de Dios sea la porción de todos
mis lectores.
ANDREW MURRAY
25 de septiembre de 1894.

HEBREOS 10:19-25
19 Así que, hermanos, teniendo entera libertad para entrar
en el Lugar Santisimo por la sangre de Jesucristo,
20 por el camino nuevo y vivo que él abrió para nosotros
a través del velo, esto es, de su carne,
21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre
de fe, teniendo los corazones purificados de
mala conciencia, y los cuerpos lavados con agua pura.
Mantengamos firmes, sin fluctuar, la profesión de nuestra
esperanza, , porque fiel es el que prometió.
24. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al
amor y a las buenas obras;
25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por
costumbre, sino exhortándonos; y tanto más cuanto
que veis que aquel día se acerca.


Las cuatro grandes bendiciones de la nueva
vida:

1. El Lugar Santísimo está abierto.

2. Confianza y libertad en la sangre.

3. Un camino nuevo y vivo.

4. El gran Sumo Sacerdote.

Las cuatro principales marcas del verdadero
creyente:

1. Un corazón sincero.

2. Plenitud de fe.

3. Un corazón purificado de mala conciencia.

4. El cuerpo lavado con agua pura.

Los cuatro grandes deberes a los cuales nos
llama el Santuario abierto:

1. Acerquémonos (en plenitud de fe).

2. Mantengamos firme la profesión de
nuestra esperanza.

3. Considerémonos unos a otros para estimularnos
al amor.

4. No olvidemos el congregarnos.

La entrada
en el Lugar Santísimo


1. ¿Cuál es ahora mayor a tu vista: tu pecado o la sangre de Jesús?
Sólo puede haber una respuesta. Luego, acércate, y entra en el
Lugar Santísimo. Hasta ahora tu pecado te ha impedido la entrada;
ahora, deja que la sangre te lleve cerca. Y la sangre te dará libertad y
el poder de permanecer.

2. «Una gota de esta sangre, saliendo del Lugar Santísimo del
alma, perfecciona la conciencia, deja que no haya más conciencia de
pecado y nos hace posible vivir en comunión con el Padre y el Hijo.
Un alma así, rociada con la sangre, puede gozar de los tesoros celestiales,
y realizar el servicio celestial del Dios vivo.»

3. Y esta sangre tiene un poder purificador celestial tal que puede
mantener al alma pura. «Si andamos en luz como El está en luz», si
vivimos en el Lugar Santísimo, a la luz de su rostro, «tenemos comunión
entre nosotros, y la sangre de Jesucristo su Hijo, nos limpia de
todo pecado», de modo que el pecado ya no puede tocarnos, por lo
que no perdemos la comunión con el Padre.

4. Puedes entender cuánto anhela el corazón del Padre el que sus
hijos se acerquen con libertad. Él dio la sangre de su Hijo para hacerlo
posible. Honremos a Dios, y honremos la sangre, entrando en el
Lugar Santísimo con la mayor libertad.

5. Cerca, tan cerca de Dios,
más cerca no puede ser,
pues en su Hijo Jesús
estoy tan cerca como Él.


domingo, 20 de octubre de 2013

LA NUEVA TOLERANCIA. Josh Macdowell y Bos Hostetler


Por mucho tiempo pensé que sabía a qué se refería la gente
cuando utilizaban la palabra tolerancia. Pero desde entonces
he descubierto que lo que la palabra significaba antes y lo que
significa hoy son dos cosas drásticamente diferentes.
La doctrina de la tolerancia de hoy (lo que llamo "la nueva
tolerancia") va más allá de la definición del diccionario de
tolerancia. El diccionario la define como "reconocer y respetar
[las prácticas, creencias, etcétera de otros] sin compartirlas,"
y "soportar o permitir con [alguien o algo lo cual no nos gusta
particularmente]." Pero eso no es ya más lo que la palabra.....



El diccionario  define tolerar como "reconocer y
respetar [las creencias de otros, sus prácticas, etcétera] sin
compartirlas," y "soportar o sobrellevar con [alguien o algo
que no nos gusta en particular]."1 Esta actitud es básicamente
lo que Pablo expresó en 1 Corintios 13:7, cuando él dijo que
el amor "todo lo soporta".
La Biblia dice: "Unánimes entre vosotros; no altivos, sino
asociándoos con los humildes. Si es posible, en cuanto dependa
de vosotros, estad en paz con todos los hombres" (Romanos
12:16,18). Se nos dice "Recibios los unos a los otros, como
también Cristo nos recibió, para la gloria de Dios" (Romanos
15:7).
La Palabra de Dios deja claro cómo los cristianos tienen
que actuar los unos hacia los otros y hacia los de la fe:
Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con
paciencia los unos a los otros en amor. Efesios4:2
Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros,
como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Efesios 4:32
Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a
otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera
que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
Colosenses 3:13
Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a
todos, y mayormente a los dé la familia de la fe.
Gálatas 6:10



La tolerancia tradicional es perfectamente compatible con
tales mandamientos bíblicos porque la comprensión tradicional
de tolerancia ha estado
• respetando y protegiendo los derechos legítimos de los
demás, aun los de aquellos con los que no estamos de
acuerdo, y los que son diferentes a los tuyos. En un sentido
pasivo, la tolerancia tradicional significa "todo el mundo
tiene derecho a su propia opinión." Activamente, fue la
tolerancia activa lo que permitió a los cristianos (y otros)
luchar por la abolición de la esclavitud en América en el
siglo diecinueve, proteger a los judíos del nazismo de
Hitler y estar entre los líderes en los principios del movimiento
por los derechos civiles en los Estados Unidos y en
otros lugares.
• escuchando y aprendiendo de otras perspectivas, culturas
y trasfondos. Un joven cristiano que con respeto asiste al
bar mitzvá de un compañero de clases demuestra la tolerancia
tradicional, tal y como un occidental que se quita
los zapatos al entrar a un hogar japonés o un alumno de
preuniversitario que escucha cortésmente mientras un
estudiante extranjero describe su tierra natal, cultura o
religión.
• viviendo pacíficamente junto a otros, a pesar de las diferencias.
"Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual
nadie verá al Señor" (Hebreos 12:14); los hijos de Dios
deben ser buscadores de la paz (Salmo 34:14), promotores
de la paz (Proverbios 12:20), pacificadores (Mateo 5:9), y
perseguidores de la paz (1 Pedro 3:11). Esto no requiere
de usted que sacrifique sus principios bíblicos para lograr
la paz, sino que significa que "Si es posible, en cuanto
dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres"
(Romanos 12:18).
aceptando otras personas, no importa la raza, credo, nacionalidad
o sexo. Después de todo, Jesús (aunque era un judío)
hablaba libremente y con respeto con una mujer
samaritana,- compartía la cena con cobradores de impuestos
, y hasta tocaba los leprosos (todo lo cual era un tabú
estricto para los hombres de los días de Jesús). Cuando fue
acosado por la mujer cananea (los cananeos eran enemigos
históricos del pueblo judío y adoraban a Baal, Dagón,
y otros dioses), Jesús alabó la fe de ella y sanó a su hija.'
La tolerancia tradicional exhibe ese tipo de aceptación
amorosa hacia las personas como individuos (aunque no
necesariamente aceptando las creencias o manera de
actuar).
La tolerancia tradicional valora, respeta y acepta al individuo
sin necesariamente aprobar o participar de sus creencias
o modo de actuar. La tolerancia tradicional hace diferencia
entre lo que una persona piensa o hace y la persona misma.
Pero la definición de hoy, el concepto que se les enseña a
nuestros hijos en las escuelas y en los medios de comunicación,,
es muy diferente.



jueves, 31 de enero de 2013

SEGUIR A JESUS


Seguir a Jesús

Jesús no dejó detrás de sí una «escuela», al
estilo de los filósofos griegos, para seguir
ahondando en la verdad última de la realidad.
Tampoco pensó en una institución dedicada
a garantizar en el mundo la verdadera
religión. Jesús puso en marcha un movimiento
de «seguidores» que se encargaran de
anunciar y promover su proyecto del «reino de
Dios». De ahí proviene la Iglesia de Jesús. Por
eso, nada hay más decisivo para nosotros
que reactivar una y otra vez dentro de la Iglesia
el seguimiento fiel a su persona. El seguimiento
a Jesús es lo único que nos hace cristianos.
Aunque a veces lo olvidamos, esa es la opción
primera de un cristiano: seguir a Jesús.
Esta decisión lo cambia todo. Es como empezar
a vivir de manera diferente la fe, la vida y
la realidad de cada día. Encontrar, por fin, el
eje, la verdad, la razón de vivir, el camino.

Poder vivir dando un contenido real a la adhesión
a Jesús: creer en lo qué él creyó; vivir
lo que él vivió; dar importancia a lo que él se
la daba; interesarse por lo que él se interesó;
tratar a las personas como él las trató; mirar
la vida como la miraba él; orar como él oró;
contagiar esperanza como la contagiaba él.
Sé que es posible seguir a Jesús por caminos
diversos. El seguimiento de Francisco de Asís
no es el de Francisco Javier o el de Teresa de
Jesús. Son muchos los aspectos y matices del
servicio de Jesús al reino de Dios. Pero hay
rasgos básicos que no pueden faltar en un
verdadero seguimiento de Jesús. Señalo algunos.
Seguir a Jesús implica poner en el centro de
nuestra mirada y de nuestro corazón a los
pobres. Situarnos en la perspectiva de los que
sufren. Hacer nuestros sus sufrimientos y aspiraciones.
Asumir su defensa. Seguir a Jesús es

vivir con compasión. Sacudirnos de encima la
indiferencia. No vivir solo de abstracciones y
principios teóricos, sino acercarnos a las personas
en su situación concreta. Seguir a Jesús
pide desarrollar la acogida. No vivir con mentalidad
de secta. No excluir ni excomulgar.
Hacer nuestro el proyecto integrador e incluyente
de Jesús. Derribar fronteras y construir
puentes. Eliminar la discriminación.
Seguir a Jesús es asumir la crucifixión por el
reino de Dios. No dejar de definirnos y tomar
partido por miedo a las consecuencias dolorosas.
Cargar con el peso del «antirreino» y
tomar la cruz de cada día en comunión con
Jesús y los crucificados de la tierra. Seguir a
Jesús es confiar en el Padre de todos, invocar
su nombre santo, pedir la venida de su reino
y sembrar la esperanza de Jesús contra toda
esperanza.

Construir la Iglesia de Jesús
Hablar de Jesús y de la Iglesia es decisivo,
pero también delicado y a veces conflictivo.
No todos los cristianos tenemos la misma visión
de la realidad eclesial; nuestra perspectiva
y talante, nuestro modo de percibir y vivir
su misterio es, con frecuencia, no solo diferente,
sino contrapuesto. Jesús no separa a
ningún creyente de su Iglesia, no le enfrenta a
ella. Al menos esta es mi experiencia. En la
Iglesia encuentro yo a Jesús como en ninguna
parte; en las comunidades cristianas escucho
su mensaje y percibo su Espíritu.
Algo, sin embargo, está cambiando en mí.
Amo a la Iglesia tal como es, con sus virtudes
y su pecado, pero ahora, cada vez más, la
amo porque amo el proyecto de Jesús para el
mundo: el reino de Dios. Por eso quiero verla
cada vez más convertida a Jesús. No veo una

forma más auténtica de amar a la Iglesia que
trabajar por su conversión al evangelio.
Quiero vivir en la Iglesia convirtiéndome a
Jesús. Esa ha de ser mi primera contribución.
Quiero trabajar por una Iglesia a la que la
gente sienta como «amiga de pecadores».
Una Iglesia que busca a los «perdidos», descuidando
tal vez otros aspectos que pueden
parecer más importantes. Una Iglesia donde
la mujer ocupe el lugar querido realmente por
Jesús. Una Iglesia preocupada por la felicidad
de las personas, que acoge, escucha y acompaña
a cuantos sufren. Quiero una Iglesia de
corazón grande en la que cada mañana nos
pongamos a trabajar por el reino, sabiendo
que Dios ha hecho salir su sol sobre buenos y
malos.
Sé que no basta con hablar de la «conversión
de la Iglesia a Jesús», aunque pienso que
es necesario y urgente proclamarlo una y otra

vez. La única forma de vivir en proceso de
conversión permanente es que las comunidades
cristianas y cada uno de los creyentes nos
atrevamos a vivir más abiertos al Espíritu de
Jesús. Cuando nos falta ese Espíritu, nos podemos
hacer la ilusión de ser cristianos, pero
nada nos diferencia apenas de quienes no lo
son; jugamos a hacer de profetas, pero, en
realidad, no tenemos nada nuevo que comunicar
a nadie. Terminamos con frecuencia repitiendo
con lenguaje religioso las «profecías»
de este mundo.

Jose A.Pagola

martes, 1 de enero de 2013

VOLVERNOS A JESUS


Volver a Jesús
Esto es lo primero y más decisivo: poner a
Jesús en el centro del cristianismo. Todo lo
demás viene después. ¿Qué puede haber
más urgente y necesario para los cristianos
que despertar entre nosotros la pasión por la
fidelidad a Jesús? Él es lo mejor que tenemos
en la Iglesia. Lo mejor que podemos ofrecer y
comunicar al mundo de hoy.
Es esencial para los cristianos confesar a Jesucristo
como «Hijo de Dios», «Salvador del
mundo» o «Redentor de la humanidad», pero
sin reducir su persona a una «sublime abstracción
». No quiero creer en un Cristo sin
carne. Se me hace difícil alimentar mi fe solo
de doctrina. No creo que los cristianos po
damos vivir hoy motivados solo por un conjunto
de verdades acerca de Cristo. Necesitamos
el contacto vivo con su persona: conocer
mejor a Jesús y sintonizar vitalmente con
él. No encuentro un modo más eficaz de
ahondar y enriquecer mi fe en Jesucristo, Hijo
de Dios, hecho humano por nuestra salvación.
Todos tenemos cierto riesgo de convertir a
Cristo en «objeto de culto» exclusivamente:
una especie de icono venerable, con rostro
sin duda atractivo y majestuoso, pero del que
han quedado borrados, en un grado u otro,
los trazos de aquel Profeta de fuego que recorrió
Galilea por los años treinta. ¿No necesitamos
hoy los cristianos conocerlo de manera
más viva y concreta, comprender mejor su
proyecto, captar bien su intuición de fondo y
contagiarnos de su pasión por Dios y por el
ser humano?
Los cristianos tenemos imágenes muy diferentes
de Jesús. No todas coinciden con la
que tenían de su Maestro querido los primeros
hombres y mujeres que lo conocieron de
cerca y le siguieron. Cada uno nos hemos
hecho una idea de Jesús; tenemos nuestra
propia imagen de él. Esta imagen, interiorizada
a lo largo de los años, actúa como «mediación
» de la presencia de Cristo en nuestra
vida. Desde esa imagen leemos el evangelio
o escuchamos lo que nos predican; desde esa
imagen alimentamos la fe, celebramos los sacramentos
y configuramos nuestra vida cristiana.
Si nuestra imagen de Jesús es pobre y
parcial, nuestra fe será pobre y parcial; si está
distorsionada, viviremos la experiencia cristiana
de forma distorsionada. Entre nosotros hay
cristianos buenos, que creen en Jesús y lo
aman sinceramente, ¿no necesitan muchos de
ellos «cambiar» y purificar su imagen de Je
sús, para descubrir con gozo la grandeza de
esa fe que llevan en su corazón?
JOSE ANTONIO PAGOLA







sábado, 6 de octubre de 2012

NADA TE TURBE






Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa.
Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza:
Quien a Dios Tiene, nada le falta: Solo Dios basta.

Eleva el pensamiento, al cielo sube, por nada te acongojes, nada te turbe.
A Jesucristo sigue con pecho grande, y venga lo que venga, nada te espante.
¿Ves la gloria del mundo, es gloria vana; nada tiene de estable, todo se pasa.
Aspira a lo celeste, que siempre dura; fiel de promesas, Dios no se muda.

Amala cual merece bondad inmensa; pero no hay amor fino sin la paciencia.
Confianza y fe viva mantenga el alma, que quien cree y espera todo lo alcanza.
Del infierno acosado aunque se viere, Burlará sus furores quien a Dios tiene.

Venga desamparos,cruces, desgracias: siendo Dios su tesoro, Nada le falta.
Id, pues, bienes del mundo; id, dichas vanas; aunque todo lo pierda, Solo Dios basta.








Teresa de Cepeda y Ahumada, más conocida por el nombre de Santa Teresa de Jesús o simplemente Teresa de Ávila ( Ávila,28 de marzo de 1515 – Alba de Tormes4 de octubre de 1582), fue una religiosa, doctora de la Iglesia Católicamística y escritoraespañola, fundadora de las carmelitas descalzas, rama de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (o carmelitas).