domingo, 20 de octubre de 2013

LA NUEVA TOLERANCIA. Josh Macdowell y Bos Hostetler


Por mucho tiempo pensé que sabía a qué se refería la gente
cuando utilizaban la palabra tolerancia. Pero desde entonces
he descubierto que lo que la palabra significaba antes y lo que
significa hoy son dos cosas drásticamente diferentes.
La doctrina de la tolerancia de hoy (lo que llamo "la nueva
tolerancia") va más allá de la definición del diccionario de
tolerancia. El diccionario la define como "reconocer y respetar
[las prácticas, creencias, etcétera de otros] sin compartirlas,"
y "soportar o permitir con [alguien o algo lo cual no nos gusta
particularmente]." Pero eso no es ya más lo que la palabra.....



El diccionario  define tolerar como "reconocer y
respetar [las creencias de otros, sus prácticas, etcétera] sin
compartirlas," y "soportar o sobrellevar con [alguien o algo
que no nos gusta en particular]."1 Esta actitud es básicamente
lo que Pablo expresó en 1 Corintios 13:7, cuando él dijo que
el amor "todo lo soporta".
La Biblia dice: "Unánimes entre vosotros; no altivos, sino
asociándoos con los humildes. Si es posible, en cuanto dependa
de vosotros, estad en paz con todos los hombres" (Romanos
12:16,18). Se nos dice "Recibios los unos a los otros, como
también Cristo nos recibió, para la gloria de Dios" (Romanos
15:7).
La Palabra de Dios deja claro cómo los cristianos tienen
que actuar los unos hacia los otros y hacia los de la fe:
Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con
paciencia los unos a los otros en amor. Efesios4:2
Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros,
como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Efesios 4:32
Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a
otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera
que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
Colosenses 3:13
Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a
todos, y mayormente a los dé la familia de la fe.
Gálatas 6:10



La tolerancia tradicional es perfectamente compatible con
tales mandamientos bíblicos porque la comprensión tradicional
de tolerancia ha estado
• respetando y protegiendo los derechos legítimos de los
demás, aun los de aquellos con los que no estamos de
acuerdo, y los que son diferentes a los tuyos. En un sentido
pasivo, la tolerancia tradicional significa "todo el mundo
tiene derecho a su propia opinión." Activamente, fue la
tolerancia activa lo que permitió a los cristianos (y otros)
luchar por la abolición de la esclavitud en América en el
siglo diecinueve, proteger a los judíos del nazismo de
Hitler y estar entre los líderes en los principios del movimiento
por los derechos civiles en los Estados Unidos y en
otros lugares.
• escuchando y aprendiendo de otras perspectivas, culturas
y trasfondos. Un joven cristiano que con respeto asiste al
bar mitzvá de un compañero de clases demuestra la tolerancia
tradicional, tal y como un occidental que se quita
los zapatos al entrar a un hogar japonés o un alumno de
preuniversitario que escucha cortésmente mientras un
estudiante extranjero describe su tierra natal, cultura o
religión.
• viviendo pacíficamente junto a otros, a pesar de las diferencias.
"Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual
nadie verá al Señor" (Hebreos 12:14); los hijos de Dios
deben ser buscadores de la paz (Salmo 34:14), promotores
de la paz (Proverbios 12:20), pacificadores (Mateo 5:9), y
perseguidores de la paz (1 Pedro 3:11). Esto no requiere
de usted que sacrifique sus principios bíblicos para lograr
la paz, sino que significa que "Si es posible, en cuanto
dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres"
(Romanos 12:18).
aceptando otras personas, no importa la raza, credo, nacionalidad
o sexo. Después de todo, Jesús (aunque era un judío)
hablaba libremente y con respeto con una mujer
samaritana,- compartía la cena con cobradores de impuestos
, y hasta tocaba los leprosos (todo lo cual era un tabú
estricto para los hombres de los días de Jesús). Cuando fue
acosado por la mujer cananea (los cananeos eran enemigos
históricos del pueblo judío y adoraban a Baal, Dagón,
y otros dioses), Jesús alabó la fe de ella y sanó a su hija.'
La tolerancia tradicional exhibe ese tipo de aceptación
amorosa hacia las personas como individuos (aunque no
necesariamente aceptando las creencias o manera de
actuar).
La tolerancia tradicional valora, respeta y acepta al individuo
sin necesariamente aprobar o participar de sus creencias
o modo de actuar. La tolerancia tradicional hace diferencia
entre lo que una persona piensa o hace y la persona misma.
Pero la definición de hoy, el concepto que se les enseña a
nuestros hijos en las escuelas y en los medios de comunicación,,
es muy diferente.



jueves, 31 de enero de 2013

SEGUIR A JESUS


Seguir a Jesús

Jesús no dejó detrás de sí una «escuela», al
estilo de los filósofos griegos, para seguir
ahondando en la verdad última de la realidad.
Tampoco pensó en una institución dedicada
a garantizar en el mundo la verdadera
religión. Jesús puso en marcha un movimiento
de «seguidores» que se encargaran de
anunciar y promover su proyecto del «reino de
Dios». De ahí proviene la Iglesia de Jesús. Por
eso, nada hay más decisivo para nosotros
que reactivar una y otra vez dentro de la Iglesia
el seguimiento fiel a su persona. El seguimiento
a Jesús es lo único que nos hace cristianos.
Aunque a veces lo olvidamos, esa es la opción
primera de un cristiano: seguir a Jesús.
Esta decisión lo cambia todo. Es como empezar
a vivir de manera diferente la fe, la vida y
la realidad de cada día. Encontrar, por fin, el
eje, la verdad, la razón de vivir, el camino.

Poder vivir dando un contenido real a la adhesión
a Jesús: creer en lo qué él creyó; vivir
lo que él vivió; dar importancia a lo que él se
la daba; interesarse por lo que él se interesó;
tratar a las personas como él las trató; mirar
la vida como la miraba él; orar como él oró;
contagiar esperanza como la contagiaba él.
Sé que es posible seguir a Jesús por caminos
diversos. El seguimiento de Francisco de Asís
no es el de Francisco Javier o el de Teresa de
Jesús. Son muchos los aspectos y matices del
servicio de Jesús al reino de Dios. Pero hay
rasgos básicos que no pueden faltar en un
verdadero seguimiento de Jesús. Señalo algunos.
Seguir a Jesús implica poner en el centro de
nuestra mirada y de nuestro corazón a los
pobres. Situarnos en la perspectiva de los que
sufren. Hacer nuestros sus sufrimientos y aspiraciones.
Asumir su defensa. Seguir a Jesús es

vivir con compasión. Sacudirnos de encima la
indiferencia. No vivir solo de abstracciones y
principios teóricos, sino acercarnos a las personas
en su situación concreta. Seguir a Jesús
pide desarrollar la acogida. No vivir con mentalidad
de secta. No excluir ni excomulgar.
Hacer nuestro el proyecto integrador e incluyente
de Jesús. Derribar fronteras y construir
puentes. Eliminar la discriminación.
Seguir a Jesús es asumir la crucifixión por el
reino de Dios. No dejar de definirnos y tomar
partido por miedo a las consecuencias dolorosas.
Cargar con el peso del «antirreino» y
tomar la cruz de cada día en comunión con
Jesús y los crucificados de la tierra. Seguir a
Jesús es confiar en el Padre de todos, invocar
su nombre santo, pedir la venida de su reino
y sembrar la esperanza de Jesús contra toda
esperanza.

Construir la Iglesia de Jesús
Hablar de Jesús y de la Iglesia es decisivo,
pero también delicado y a veces conflictivo.
No todos los cristianos tenemos la misma visión
de la realidad eclesial; nuestra perspectiva
y talante, nuestro modo de percibir y vivir
su misterio es, con frecuencia, no solo diferente,
sino contrapuesto. Jesús no separa a
ningún creyente de su Iglesia, no le enfrenta a
ella. Al menos esta es mi experiencia. En la
Iglesia encuentro yo a Jesús como en ninguna
parte; en las comunidades cristianas escucho
su mensaje y percibo su Espíritu.
Algo, sin embargo, está cambiando en mí.
Amo a la Iglesia tal como es, con sus virtudes
y su pecado, pero ahora, cada vez más, la
amo porque amo el proyecto de Jesús para el
mundo: el reino de Dios. Por eso quiero verla
cada vez más convertida a Jesús. No veo una

forma más auténtica de amar a la Iglesia que
trabajar por su conversión al evangelio.
Quiero vivir en la Iglesia convirtiéndome a
Jesús. Esa ha de ser mi primera contribución.
Quiero trabajar por una Iglesia a la que la
gente sienta como «amiga de pecadores».
Una Iglesia que busca a los «perdidos», descuidando
tal vez otros aspectos que pueden
parecer más importantes. Una Iglesia donde
la mujer ocupe el lugar querido realmente por
Jesús. Una Iglesia preocupada por la felicidad
de las personas, que acoge, escucha y acompaña
a cuantos sufren. Quiero una Iglesia de
corazón grande en la que cada mañana nos
pongamos a trabajar por el reino, sabiendo
que Dios ha hecho salir su sol sobre buenos y
malos.
Sé que no basta con hablar de la «conversión
de la Iglesia a Jesús», aunque pienso que
es necesario y urgente proclamarlo una y otra

vez. La única forma de vivir en proceso de
conversión permanente es que las comunidades
cristianas y cada uno de los creyentes nos
atrevamos a vivir más abiertos al Espíritu de
Jesús. Cuando nos falta ese Espíritu, nos podemos
hacer la ilusión de ser cristianos, pero
nada nos diferencia apenas de quienes no lo
son; jugamos a hacer de profetas, pero, en
realidad, no tenemos nada nuevo que comunicar
a nadie. Terminamos con frecuencia repitiendo
con lenguaje religioso las «profecías»
de este mundo.

Jose A.Pagola